Manolo García
Colaborador Cine PREMIERE
Más que el fin de una saga, es claramente el fin de una era y, aunque ya todos sabemos eso, no está por demás decirlo. El esperadísimo final de
Harry Potter llega al celuloide desafiando un reto tan difícil que incluso se le dificultaría al mismísimo Dumbledore (no hablo ni de cuestiones técnicas, ni elementos cinematográficos): la expectativa. Cerrar una serie fílmica de 8 cintas no es cualquier cosa, pues con el paso de los títulos, cada película obtuvo su propia imagen y visión del niño mago, hasta el punto en que se separaron unas de otras –situación que sucede también con los libros, claro está– entonces, darle un final que englobe este vasto universo cinematográfico y se sienta congruente, parece imposible. Afortunadamente, los miedos de que esto no se lograra, sólo se quedaron en eso, ya que el resultado es magnífico.
La carga de emotividad que tiene el filme es imposible de describir, pues a cada quien le llega de distinto modo.
Harry Potter y las reliquias de la muerte parte 2 es exitosa en todo lo que concierne a un filme, pero sobre todo, logra mostrar un final digno a una saga tan querida. A estas alturas del partido, sobra comentar todo lo que está bien con esta última secuela (además, ya todos leímos la crítica, aunque eso sí, yo sigo maravillado del
score), pero no sobra reiterar que es un material de verdad valioso en todos los sentidos. Ya hay quien se queja de la cinta en términos de adaptación –siempre sucede– y si faltan o no elementos del libro… es aquí donde les recuerdo a esas personas: son medios distintos, por tanto, ambos tipos de narrativa tienen lo suyo. Al final, una buena adaptación es la que aprovecha lo mejor del material fuente y, como su nombre evidentemente implica, modifica el contenido para mostrarlo de la mejor manera (o para enseñar algo en específico de una historia tan grande, en este caso, puramente la historia de Harry) y aquí sucede a la perfección, pues todo lo esencial está presente y es como lo imaginamos hace años que leímos el último libro.
Ahora, sí quien lee está entre estas personas, un favor: dejen de culpar a David Yates, si la adaptación les molesta (como en otras ocasiones), la única culpa sería del escritor –aunque a mi parecer ambos han hecho un maravilloso trabajo. En este fatídico final, lo más difícil radica en decir “adiós”, pues el sentimiento de vacío que deja será imposible de llenar, pero se torna más sencillo con una película tan bien lograda como ésta. Así es como
Harry Potter toma su lugar entre las sagas más importantes del cine, y no sólo por el dinero recaudado, si no por todo lo bueno que nos trajo.